Desde los 15 o 16 años Mariela Vivar rescata por
primera vez un gatito pequeño. Él estaba envuelto en una funda; le habían dado
veneno. Mariela y su familia intentaron salvarlo, pero ya era demasiado tarde. Con
el transcurso del tiempo, ella ha recogido a varios canes, y aproximadamente a
los 21 años, se planteó la creación de un refugio llamado “Happy Pets” en la ciudad de Quito. A la causa se
sumaron 40 voluntarios de distintas partes del país, aunque después quedaron
menos de la mitad por diferentes motivos personales; lograron organizar mercados
de pulgas (venta de ropa, zapatos, articulos varios, juguetes, entre otros
artículos de medio uso), venta de comida, incluso cantar en el transporte
público, todo esto con el fin de recaudar fondos para ayudar a los animales
callejeros.
En principio, la empatía con “los peludos” es algo
que en la vida de los seres humanos está ligado a un sentimiento de
consideración y respeto. Así como Mariela, hay personas anónimas que son solidarias con
los animalitos y ayudan de distintas formas. Otra de ellas es cuando la gente
que coloca fuera de sus casas botes de agua y comida. También existen los
llamados comedores comunitarios para perros que se están convirtiendo en un
ejemplo a nivel nacional.
En la actualidad Mariela tiene 27 años. Ella, a
manera de labor social, se dedica al rescate y cuidado de los amigos de 4 patas: perritos y
gatos. En su hogar ha acogido a 5 canes y 3 gatitas. Su familia también ayuda, puesto que sienten
el mismo amor por los animales. No todo es felicidad y satisfacción al
rescatarlos. “Hemos tenido que ver a más de uno morir después de haberlos
salvado. La entrega que uno pone: tiempo, dinero, paciencia, a veces suele ser
desgastante. Una se queda con la sensación de haber hecho todo por el
animalito, y a la final, mueren. No se sabe el tipo de dueños que tuvieron
antes, o el sufrimiento que han vivido calles”, confiesa.
En el Ecuador no
existe una cifra exacta de los canes que deambulan por las calles. El ver a
perritos rondando por las vías, es una realidad lamentable, por todo el peligro
al que se enfrentan a diario estando afuera. En parroquias urbanas sobre todo,
el incremento de perros callejeros es alarmante. Este aumento se debe por
aquellas personas que abandonan a sus mascotas sin remordimiento alguno. Afortunadamente,
hay personas anónimas que
por el amor y el cuidado que se merecen los animales realizan esta ayuda a
favor de la protección animal, brindándoles una mejor morada. El acceso a las
necesidades básicas, y un espacio en el que no permanezcan encadenados o
encerrados es importante para su salud y la libertad que requieren para vivir
bien.
Es
así que existen
rescatistas independientes, que disponen del espacio para mantener en sus
viviendas a más de 4 o 5 perros, como en el caso de Mariela Vivar. “Nosotros no
dependemos de ayuda externa, sino que nosotros mismos somos quienes los
vacunamos, los alimentamos, y los salvamos de las condiciones en las que los
recogimos de las calles. Evitamos el tema de adopción, porque en ciertas
ocasiones puede ser un riesgo el que caigan en malas manos después de haber
rescatado a los animalitos”. Mariela agrega: “Siempre lo he dicho: nunca me voy
a arrepentir de seguir ayudando a los perritos y gatitos. Por más que varias
veces he tenido que presenciar como acaba su vida, en mi queda la satisfacción
de haber hecho todo por verlos feliz, y a cambio solo te entregan amor y una
grata compañía”.
También existen fundaciones
en la ciudad de Quito como Fondo Animal, Fundación Lucky o Programa Animal Ecuador (PAE), que contribuyen
al rescate y búsqueda de hogares seguros para perros y gatos. La mayoría de estos
albergues son auto gestionados. Hay gente externa que también colabora para que
las condiciones de los perros callejeros o abandonados sean las más adecuadas.
Estas fundaciones trabajan alrededor de 6 años, cuentan con la experiencia para
que los derechos de los animales sean respetados y con el respaldo de abogados
para que todos los trámites tengan validez y garantías.
En otras ciudades del país también hay
albergues que se dedican al cuidado de los animales. En Manta, por ejemplo, un
reconocido influencer, Jefferson Rescata, construyó una clínica para animales
domésticos, silvestres y de granja. Su gestión es independiente y ha ayudado a
la protección animal en el Ecuador. En los últimos años, en el Ecuador se han
realizado reformas en cuanto al maltrato animal, como la Ley Reformatoria al Código
Orgánico Integral Penal. En esta, existen varios tipos penales para asegurar la
integridad de los animales y preservar sus derechos.
Gracias a esta ley, se sanciona con penas
administrativas, trabajo comunitario y privación de libertad a quienes han
causado daño o han provocado intencionalmente la muerte de animales. Es importante conocer también, que cuando en
las vías hay perritos accidentados o atropellados se puede pedir ayuda al Comité
de Operaciones de Emergencia marcando al 911. El maltrato animal se puede
denunciar al número 1800-500-900, y para los animales muertos en las vías se
debe reportar a Emaseo (1800-362-736).
Al menos hay la opción de sancionar este
tipo de actos irresponsables por parte de los dueños y gente que no tiene
ningún reparo en causar daño a los amigos de 4 patas. Es evidente que hace
falta concientizar a la sociedad sobre el cuidado y respeto hacia la vida de
seres que también sienten y tienen las mismas necesidades básicas de cualquier
ser vivo. Con la contribución de este grupo de personas que están en contra del
abuso a los animales, de alguna manera se puede disminuir el problema de los
perros callejeros y mascotas abandonadas a la intemperie, a pesar de que aún hay
personas sin corazón, que de un día a otro, dejan sin hogar a sus mascotas, y
también quienes se aprovechan de ellos para hacer negocio.
Por: Karla Palacios Gálvez
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