En este tiempo de pandemia, cualquier
negocio que esté relacionado a la gastronomía ha tenido una gran acogida por
los comensales que, aunque no puedan salir de casa, están en busca de nuevos
sabores para el deleite constante de su paladar. El hambre no perdona nada, ni
un encierro. Por esta razón, los restaurantes no han dejado de funcionar en
esta “nueva normalidad”, la cual nos ha enseñado diferentes formas de vivir
realidades dependiendo de los contextos.
El arte gastronómico es un símbolo
esencial que en ningún barrio tradicional puede faltar, ya que forma parte de
la cultura ecuatoriana. Desde hace once años atrás, en la calle Guayaquil, se
encuentra ubicado el restaurante Leña Quiteña. Con una vista panorámica al El
Panecillo y Centro de Quito, sus comensales pueden degustar una variedad de
platos típicos. Entre los más pedidos se encuentran el seco de chivo, guatita,
mote pillo y llapingacho. El canelazo que es una bebida tradicional y que, por
la pandemia, las familias quiteñas han decidido prepararla desde sus hogares,
es conocido como una de las delicias para las noches de frío en la capital. Se
la prepara con agua ardiente y naranjilla o mora de preferencia.
Patricia Vinueza, dueña del
establecimiento, afirma que el plato más consumido por los turistas es el cuy, porque
lo consideran como un plato exótico. Las mega empanadas de viento sorprenden a
las personas porque aseguran que en ningún otro país han visto empanadas de ese
tamaño. La entidad Quito Turismo trabaja junto a este restaurante para brindar
un servicio de calidad a todas las personas que visitan este atractivo
turístico.
La chocolatería Chezz Tiff es un local
muy frecuentado por la gente gracias a la variedad de chocolates que ofrecen.
Por la pandemia, ahora realizan pedidos por su línea de WhatsApp, tratando de
llegar a sus fieles clientes a domicilio; cuentan con su página web que ofrece
una variedad de dulces especializados con un fino chocolate que gusta a
cualquiera. La historia del cacao, como fue su auge y exportación en la década
de 1870 es contada aquí. Los productos locales como el tocte, macadamia,
ishpingo se hacen presentes al momento de darle un sabor especial al producto.
Los rellenos son realizados con tragos como el canelazo, pájaro azul, entre
otros.
Los expositores del lugar, mediante
imágenes y muestras físicas, enseñan el arduo proceso para que una semilla de
cacao se convierta en chocolate de alta calidad. El proyecto Manos a la Ronda,
creado hace aproximadamente ocho años, y que en estos momentos de crisis ha
tomado más fuerza, busca incentivar a la gente a visitar los negocios diurnos y
conocer más a fondo estos atractivos turísticos. Las chocolaterías abundan en
este barrio, convirtiéndose en una representación importante de las tradiciones
de nuestro país.
La heladería Dulce Placer cuenta con
una variedad de sabores muy llamativos al público, desde helado con sabor a
norteño, hasta uno conocido como agua bendita. El espacio se encuentra decorado
con fotos antiguas del Quito Colonial, creando un ambiente tranquilo para pasar
el rato. Los helados son hechos con pulpa 100% natural.
La pizza artesanal también es un plato
muy pedido por la gente. Stefano Volpato es un italiano que hace seis años vino
a Ecuador para poner su propia pizzería y no le pareció mejor lugar turístico
que La Ronda. La diferencia de esta pizza a las que son realizadas normalmente
es que no lleva levadura, sino una masa madre con un proceso de fermentación de
veinte horas, produciendo un sabor más agradable al paladar.
Las opciones a la hora de buscar algo
para comer en este barrio son innumerables porque existe una gran cantidad de
platillos que llenan las expectativas de los visitantes. Con todas las medidas
de bioseguridad necesarias, la gente puede regresar a La Ronda después de
varios meses de confinamiento para disfrutar de un ambiente tranquilo, y, a
pesar de los problemas que trajo el coronavirus, poder olvidarse un momento de
lo malo, junto a una buena compañía y una exquisita comida no le viene mal a
ninguna persona.


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