El escándalo y la desazón, tanto en Kids (1995) -película dirigida por Larry
Clark, con guión de Harmony Korine y producida por Gus Van Sant- como en el
testimonio de Ana Cristina Barragán, cineasta ecuatoriana, van de la mano.
Decidí utilizar al personaje de Telly (Leo Fitzpatrick) para realizar un
paralelismo en cuanto al accionar violento de Mateo Kingman con sus ex parejas
y como su pronunciamiento de la noche del 10 de diciembre de 2020 no puede reparar
sus acciones.
Aunque tenga 16 años, el personaje de Telly,
desde el inicio de la cinta, puede ser catalogado en las palabras de Ana
Cristina Barragán en su post del 9 de diciembre de 2020 al describir la
personalidad de Kingman: “un mitómano extremadamente manipulador y hábil que ha
construido un personaje casi infranqueable para sí mismo”. Ambos hombres, a
pesar de la diferencia de edades (Kingman cuenta con 29 años actualmente),
entran en la imagen normalizada, el reverso incómodo, sobre la masculinidad:
violentamente impune y loada por otras personas que ven como ejemplar y
admirable sus relaciones abusivas con las mujeres.
Telly y su amigo Casper (Justin Pierce) repasan
las conquistas sexuales del primero como en una lista de mercado: esto ya lo
tengo; esto todavía no, pero ya mismo; y esto debo tenerlo. La cosificación se
valida puesto que las conquistas sexuales se perciben como trofeos, victorias
personales. A mi mente vuelven las palabras del personaje de No-Ticias, Charly
Mejía, al referirse a la música de Kingman durante un reportaje: “Es, ante todo,
respeto”. Barragán relata en su testimonio que: “Mateo K. contaba siempre que
había hecho una lista de mujeres en Quito para tener relaciones sexuales con
ellas, por venganza, para luego dejarlas “en visto” y que se sintieran
desaprobadas”.
En el pronunciamiento de Kingman, este menciona
lo siguiente: “Como hombres fuimos educados en un entorno social que nos valida
a partir del machismo, comentarios violentos contra mujeres, y el maltrato a
nuestras parejas”. En una de las escenas en las que Telly llega al departamento
de uno de sus dealers/amigos y en el que se encuentran con varios otros chicos,
surgen conversaciones que, hasta el día de hoy, priman en diálogos entre
hombres: descalificación a la figura femenina, comentarios sexualmente
ofensivos, referencias negativas hacia el cuerpo de la mujer, y en particular
un prejuicio asociado a la concepción de una “mujer obediente”: esta no puede
disfrutar del sexo. ¿Cuántas de estas conversaciones habrá tenido Mateo Kingman?
¿En cuántas conversaciones, nosotros hombres, hemos participado y todavía
sostenemos?
“Me impresiona su inteligencia narcisista para
pasar de ser un agresor misógino a un hombre deconstruido, sin atravesar las
consecuencias de sus actos, repitiendo discursos feministas, mintiendo de
nuevo”. Telly, cuando habla sobre sus métodos para desvirgar, les dice a sus
amigos que: “Hay que ir despacio, persuadirlas. Les gusta lento y romántico”. Y
es que varios hombres pueden ocultar sus reales intenciones en acciones
disfrazadas de cariño y empatía. En esto, Kingman y Telly son similares: lo que
les mueve para mantener relaciones sexuales con mujeres es su egoísmo, su
satisfacción individual, sin importar el daño que se pueda hacer hacia una
persona, y en el caso de ambos, a varias mujeres.
Aquí un paréntesis para mencionar algo que,
entre todas las acciones aborrecibles por parte de ambos personajes, se debe
rescatar y visibilizar: el apoyo entre mujeres, la sororidad. Tanto Jennie
(Chloë Sevigny) como Ana Cristina se encuentran rodeadas por mujeres con las
que pueden sentirse respaldadas, escuchadas, queridas, consoladas, apoyadas;
aunque al inicio de sus odiseas personales, el daño solo pueda experimentarse
en lo personal, guardando silencio con la familia y amigos por temor a ser
señaladas de maneras negativas. No falta ver en redes sociales comentarios del
tipo: “Ella se lo buscó”, “¿De qué se queja?”, “Las feminazis no están listas
para ninguna conversación”.
Las enfermedades de transmisión sexual no deben
tomarse a la ligera. Telly, sin saberlo, por su propia ignorancia y por su
interés sexual superfluo e individual, infectó a varias mujeres de VIH (en la
película se utiliza esta enfermedad en particular para concientizar de cierta
forma, según la crítica de Roger Ebert del 28 de julio de 1995, sobre el sexo
seguro). En el caso de Kingman, su ETS no tuvo esa gravedad; sin embargo, el
hongo (candida albincans) que contagió, no solo a Ana Cristina, sino a varias
mujeres con las que tuvo contacto sexual, tuvo secuelas graves en sus cuerpos y
mentes.
En Telly y Kingman se nos presenta la
importancia de la crítica a la cultura y del pensamiento crítico, en palabras
de Bell Hooks, por el poder que tiene en nuestro día a día, por ser el lugar
donde se encuentra la pedagogía y donde el aprendizaje reside. Existe un
vínculo directo entre las representaciones y cómo vivimos nuestro día a día, en
nuestras decisiones y en nuestro pensamiento. Y para finalizar, algo en extremo
obvio, casi perogrullado, pero necesario de repetir, hasta el hartazgo de ser
necesario: LA VÍCTIMA NO TIENE LA CULPA. EL CULPABLE SIEMPRE SERÁ AQUEL QUE
EJERZA Y ACTÚE CON VIOLENCIA. EL PERIODISMO DEBE ESTAR SIEMPRE DEL LADO DE
QUIENES SUFREN VIOLENCIA.


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